Lo que va quedando de Pedregalejo (I)

 

Vista parcial de Villa Valdecilla, en la Calle Juan Valera de Pedregalejo:
una de las grandes villas o palacete del barrio

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Villa Trini, una de las pocas casas típicas de Pedregalejo que se conserva
en la Avda. Juan Sebastíán El Cano, entre Los Baños del Carmen y el arroyo de los Pilones.
En una de sus mitades vivieron mis padres, en régimen de alquiler,
sus primeros años en Málaga
(Foto: JRT, 2011)




Fachada de Villa Juan Luis, otra de las clásicas de Pedregalejo que se mantiene en pie.
Está situada también en la Avda. de Juan Sebastián El Cano,
muy próxima a la anterior y en la misma acera
(Foto: JRT, 2011)




Villa Solita, una de las pequeñas villas de Pedregalejo,
situada en la Avda. de Juan Sebastián el Cano
(Foto: JRT, 2012)

 


Finca esquina Calle Juan Valera (Camino de la Desviación) - Avda. de Juan Sebastián el Cano
en el barrio de Pedregalejo de Málaga. A la derecha asoma Villa Lolita (véanse fotos más abajo).
Durante bastante tiempo las construcciones más altas de Pedregalejo eran de tres plantas,
a veces, como en este caso, con torre-mirador
(Foto: JRT, 2012)

Este edificio alberga en su planta baja varios locales ya casi históricos, al menos para mí y los del barrio.
A la derecha, Helados Lauri, que tanta fama alcanzaron en los años 60 y 70, y donde,
especialmente los fines de semana por la tarde, a la vuelta de la playa
y camino de Málaga, se formaban grandes colas.
Juan, el hijo del dueño y compañero mío de colegio, abrió en los 80 otro local de Helados Lauri
en la calle Bolivia haciendo esquina con la calle del arroyo de Los Pilones,
hoy día dedicada a Pedrito "el practicante".

El bar La Púrisima, que apenas he frecuentado, pero que tenía cierto sabor pupular y
donde escuché por casualidad y por vez primera auténtico flamenco
en boca de uno de sus parroquianos.

A la izquierda, ya en la Calle Valera y pasado el portal de acceso al edificio,
un local donde en tiempos hubo una peluquería, y seguidamente la Farmacia Díaz Ortiz,
del que fuera profesor de Ciencias Naturales en enseñanza secundaria
D. Aurelio Díaz Ortiz, al que llamábamos El Pildorín.

Algo más arriba, La Lucía, tienda de ultramarinos, como se decía entonces, regentada
por Pepe (que todavía vive y sigue a pie de cañón), el primer hombre que conocí con un tatuaje
dibujado en el brazo, y por su mujer, Lucía. Allí me mandaba mi madre cada dos por tres
a comprar "in extremis" alguna cosa que le faltase para hacer la comida, porque
su proveedora habitual era La Catalana que servían encargos a domicilio.
Más tarde algunos de sus hijos se irían incorporando al negocio, entre ellos el mayor, con el que
coincidí en la Escuela de Peritos Industriales, entonces en El Ejido, cursando primer año de carrera.
También coincidí con su hermana Lucía en alguna de las pandillas de juventud.
Así era Málaga con 300-350 mil habitantes, como un pueblo grande
en el que terminábamos por conocernos casi todos.

Y por último, a continuacón de La Lucía, el que fue Estanco de la tía
de Cesar y Tita Mendiola, así mismo amigos de juventud.

 

Vista parcial del anterior edificio desde la calle Valera. En su planta baja se pueden ver varios de los locales mencionados. De izquierda a derecha, el estanco, la tienda de alimentos La Lucía (el que está de pie en la acera es Pepe), la farmacia (que recientemente a cambiado de titularidad tras el fallecimiento de D. Aurelio), el local que fuera peluquería, el portal de la finca y las mesas y sillas de la terraza del bar La Purísima (Foto: Google Maps, 2008)

 



Interesante foto de la calle Juan Valera de Pedregalejo tomada en los años 60.

En primer plano, a la derecha, asoma el edificio anterior y puede verse el alero de la farmacia Díaz Ortíz
y la tienda de La Lucía con su toldo. Enfrente se ve un poquito del despacho donde se vendía hielo,
bien en grandes barras o en trozos más pequeños, para su uso en las neveras de las casas
antes de que exisitieran o se generalizaran los frigoríficos eléctricos, como
los indestructibles Kelvinator, libres de obsolecencia programada.

Lindando con éste, dos preciosas casas de construcción similar, la más cercana al observador
ya desaparecida y la otra bastante transformada y apenas reconocible. La primera la debió comprar Telefónica,
que tenía una centralita al otro lado de la acera. Dicha centralita fue reconvertida en un chalet,
y la casa, una vez destruída sin contemplaciones, fue sustituida por un edificio industrial
del tipo caja de cerillas. La maniobra-cambalache creo que tuvo lugar en los años 80
y parece cuando menos muy extraña. Yo todavía no doy crédito.

 

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A la izquierda el edificio tipo "caja de cerilla" aludido, y a la derecha la antigua centralita teléfonica
reconvertida en chalet como por arte de magia. La entrada con tejadillo a dos aguas
no existía, ni tampoco el cuerpo hemicilíndrico acristalado lateral

Pero sigamos...

Al fondo, un poco en alto, Villa Nuestra Señora de la Salud, que al menos durante los 70
se decía que era muy visitada por la gente del OPUS, entonces una secta misteriosa, casi secreta.
En su portal en desuso o de uso ocasional de la calle Manuel de la Revilla tuvo
su taller, allá por los 60, el zapatero del barrio, que tenía una pata de palo

 


En esta fenomenal foto se ve casi todo más claro

 


Foto: Familia Rodríguez de Tembleque Moreno
(Finales de los años 50 del S.XX)

En esta fotografía de mis padres se ve muy bien el aspecto que tenía Villa Nuestra Señora de la Salud,
que ha estado muchos años abandonada y que recientemente (2015) ha sido restaurada.
Arriba, el Colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. ¡Ahí es ná!

Aunque parezca que este colegio-residencia ha existido siempre y que, desde su posición dominante
en las alturas, ha presidido Pedregalejo desde el origen de todos los tiempos; no es así.
La congregación fue fundada en Coria (Cáceres) en 1858, instalándose en Málaga,
en la calle Liborio García, un año después, para posteriormente, a finales
de la década de los 50 del pasado siglo, trasladarse Pedregalejo

 


Foto: Familia Rodríguez de Tembleque Moreno
(Finales de los años 50 del S.XX)

Imagen de Pedregalejo alto tomada a finales de los años 50 desde Villa Elvira.
En ella se aprecia el monumental complejo del Colegio de las Esclavas,
que posteriormente, en la década de los 70,
sería ampliado con otro edificio
¡Qué poderío!




Villa Lolita, Pedregalejo, también en la avenida de Juan Sebastián el Cano.
Obsérvese que en la parte superior izquierda asoma una gran villa
con una torre de tejado puntiagudo: Villa Valdecilla

 


Detalles de Villa Lolita, Pedregalejo. Como cuento en otra parte,
la cerámica está muy presente en la arquitectura del barrio.
(Fotos: JRT, 2012)

 


Nuevamente, en primer plano, Villa Lolita (obsérvese la típica tapia encalada
con cristales incrustados en su parte superior), y a continuación,
otra de las clásicas villas con torre de Pedregalejo, ambas
en la avenida de Juan Sebastián el Cano
(Foto: JRT, 2012)



La villa que se veía en segundo plano en la imagen anterior
(Foto: JRT, 2012)




Otra vista de la villa anterior. Las tapias que la delimitan son de obra reciente.
A la derecha asoma Villa Carmen, aparentemente una construcción más moderna,
aunque desde luego con más años que yo, que a día de hoy (2013) voy por los 59.
Al fondo de la imagen, a la izquierda, se ve parte de lo que va quedando
de nuestro querido y urbanístamente amenzado monte San Antón
(Foto: JRT, 2012)

 

A la derecha de la imagen y en primer plano, vista parcial de Villa Carmen, casa de gran tamaño con dos plantas y torre. A su altura hubo en tiempos un kiosko de pipas, altramuces y chucherías, donde, si mal no recuerdo, cuando era niño, vendían cucuruchos de pipas a dos perras gordas, es decir a 20 céntimos. La moneda de 5 céntimos se llamaba perra chica, y si alguién tenía mucho dinero, se decía que tenía muchas perras. Con dos reales, una peseta y no digamos con dos cincuenta o un duro (cinco pesetas) un niño podía comprar muchas cosas. Los dos reales, la moneda de cincuenta céntimos, me resultaba fascinante; no sólo porque era una de la preferidas del Ratón Pérez, sino porque tenía un agujero en el centro y había gente que las coleccionaba o las guardaba introduciéndolas en una cuerda con la que formaban una ristra enorme y flexible de monedas, especie de gusano o serpiente de metal. Algunos a veces la retorcían o la hacían girar, congiéndola de los extremos, en uno u otro sentido, ante la antenta mirada de los niños, que, obviamente, quedaban maravillados con semejante exhibición (Foto: Google Maps, 2008)


Por alusión: lo que va quedando del monte San Antón, Pedregalejo (Málaga). Obsévese, a la derecha, hasta donde llegan ya las casas. La especulación urbanística y la corrupción político-administrativa no tiene límites. Como diría Vainíca Doble, refiriéndose al coto de Doña Ana: Monte de San Antón, reserva del camaleón, "reza por tu salvación, que el hombre se propone tu destrucción; y si le da la gana, y si le da la gana, te asfalta en dos semanas".
En la parte central de la imagen, una de las pocas palmeras clásicas de Málaga que han quedado tras la plaga del Picudo Rojo, escarabajo introducido en la provincia al importar "alegremente" especies foráneas, así como una de las múltiples araucarias que hay en el barrio. El hecho en sí y la mala gestión de la plaga, demuestra una vez más la incompetencia de las autoridades que deben protejer nuestro patrimonio medioambiental. Pues nada, hasta la próxima (Foto: JRT, 2012)

 


Villa San Vicente, en la calle Ventura de la Vega de Pedregalejo. Dicha casa fue de la familia Bernabé,
los dueños del cine Lope de Vega, luego sala de patinaje Rolling y finalmente discoteca Bobby Logan,
que todavía se mantiene en pie a pesar de muchos años de abandono (ver más adelante).
Mi amigo Helio Ramos Bernabé tocaba el piano y, cuando formamos un grupo de música, a veces
ensayábamos en su torre (un primer plano de la veleta puede verse en Aviso a Navegantes)
Al fondo, otra torre-mirador, en este caso circular, de la casa de los Gutiérrez del Álamo.
La verdad es que hasta ahora no he sido plenamente consciente de esta peculiar característica
de algunas villas del barrio, pero aquí, sin ir más lejos, se recogen varios ejemplos.
El árbol de la derecha, un plátano, debe tener cerca de 60 años o más
(Foto: JRT, 2012)

 


Otra villa con torre en Pedregalejo alto
(Foto: JRT, 2012)

 


Vista general de Villa Valdecilla, sita calle Juan Valera, también en Pedregalejo alto.
Se trata de la misma foto que abre este apartado, pero en este caso sin recortar
para que puedan apreciar no sólo sus dimensiones, que le confieren carácter de palacete,
sino uno de los múltiples ejemplos del acentuado contraste urbanístico del barrio
entre el pasado, representado aquí por la villa, y el presente,
encarnado por los bloques verdes del fondo.

En general se puede decir que las bellas construcciones antiguas del barrio,
algunas de las cuales evocan un pasado esplendoroso, se encuentran amenazadas y circundadas
por un desarrollo urbanístico masivo, devorador e insaciable, que tal vez sea funcional,
pero que, salvo contadas y honrosas excepciones, lamentablemente no sigue ningún
patrón estético ni tiene en cuenta para nada el entorno, y mucho menos
la tradición arquitectónica o la historia del barrio

 


Villa con dos torres en la confluencia de las calles Costa Rica y Juan Valera, en
Pedregalejo alto. Entre dichas torres se puede ver un poco de la torre de una villa vecina.
Como se puede apreciar, esta imagen es otro buen ejemplo de lo dicho anteriormente.
Los bloques modernos, que asoman por arriba a la derecha, dan la sensación
de que las van a engullir en cualquier momento, y desde luego rompen,
en gran medida, el encanto de la visión de estas hermosas villas,
de tal manera que el observador debe hacer un gran esfuerzo
de abstracción para aislarlas de su horrible entorno
y poder contemplarlas en toda su belleza
(Foto: Eloy Frochoso, 2013)

 


Casi a la altura de la anterior, pero en la otra acera de la calle Juan Valera,
se encuentra esta villa que fue vivienda de los Maza.
A la derecha asoma la casa de estilo colonial
que se ve en la imagen siguiente
(Foto: Google Maps, 2008)

Antiguamente, o al menos en los años 60 y 70 del S.XX, la inmensa mayoría de las villas
de Pedregalejo se encalaban por fuera. A partir de la década de los 80, inclusive, se empezó a utilizar
el color (frecuentemente más de uno) para pintar las fachadas de algunas de las villas del barrio,
en la mayoría de los casos, a mi juicio, con buen criterio ya que las realzaba,
distinguiéndose mejor los matices de unas y otras, y también entre sí

 


Aquí pueden ver, o mejor intuir, otro ejemplo de contraste arquitectónico,
en este caso en relación con una preciosa villa de estilo colonial, una de mis favoritas,
en la que curiosamente no había reparado hasta que me embarqué en esta aventura.
Se encuentra ubicada, así mismo, en la calle Juan Valera, al lado de la anterior
(Foto: Eloy Frochoso, 2013)

Por supuesto que las puertas de entrada exteriores y la verja no son las originales,
pero quien adquirió la casa tuvo el buen gusto de consevarla

 

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Detalles del alero del tejado y del lucernario del frontón de la referida villa
(Fotos: Eloy Frochoso, 2013)




Otra vista de la misma casa con bloque de pisos al fondo.
La entrada de al lado es de Villa Nuestra Señora de los Remedios
(¡ay la virgen, vaya nombrecito!, ¿pertenecería también al OPUS o a gente de su círculo; tal vez
a otra congregación religiosa?). Pues bien, allí veranearon los Conde, la familia de mi amigo Capé,
durante algunos años, siendo yo niño. Recuerdo que tenían un camaleón en la lámpara del salón
y una pequeña cabaña de madera construída entre las ramas de un gran limonero.
Como era una familia muy numerosa, los hijos, al menos los más pequeños,
dormían en literas, y eso a mí entonces me fascinaba. También me acuerdo
de que en el bordillo de la acera de la calle hacíamos carreras con chapas
(Foto: Eloy Frochoso, 2013)

 


Villa Inés, también de estilo colonial, aunque de menor tamaño, sita calle Perú.
A pesar de su estado de abandono, todavía se conservan muy bien los
sencillos pero bellos y elegantes remates del alero de su frontón.
A su derecha hay otra villa semejante, en este caso habitada
( Foto: Eloy Frochoso, 2013)



Detalles del frontón de Villa Inés, en Pedregalejo bajo
(Foto: JRT, 2012)

 


Los Baños del Carmen

ENTRAR

 

 


No todo eran o son grandes villas en Pedregalejo. También había y hay pequeñas casas-mata
o viviendas de tamaño discreto, como ésta, en cuya parte baja estaba la antigua panadería del barrio
y que todavía se conserva. Además, a pesar de su sencillez o precisamente por ella,
con el paso del tiempo parece más bonita, especialmente si se compara
con lo que se ha construído las últimas décadas a su alrededor
(Foto: JRT, 2012)

Durante algunos años, mi madre, al volver de la playa, siempre se pasaba por la panadería
a comprar pan, pues le pillaba de paso camino de casa. A veces también compraba algún melón
en un puesto de sandías y melones que había justo al lado, a la derecha de la imagen,
en un espacio libre, retranqueado respecto a la acera, que en parte era
entrada de carruajes a un patio. Por cierto, en aquella época
era frecuente ver en el campo, junto a las carreteras,
puestos de melones y sandías con su chambaillo
de caña donde almacenar la fruta a la sombra
y protegerla del sol estival

 

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